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Entre los signos del zodiaco, Leo destaca para una rara característica: lo que parece ser importante para el, más que ganar por si mismo, es demostrar a los demás que sabe hacerlo.
A el hijo del Dios solar, interesa sobre todo demostrar ser el mejor para poderse vanagloriar. Si pides consejo a un Leo sobre lo que tenéis que vender y |
comprar, pronto recibiréis mil consejos, todos con sus motivaciones y expresado con una energía tan fuerte y convencida que al final será imposible no seguir estas preciosas sugerencias. Pero cuidado, si no le escucháis y después llegan los problemas, no intentéis, ni en broma hacerle partícipe de vuestras quejas: os meterá debajo de una montaña de "¡Lo dije yo!…¡Habriaís tenido que escucharme!… ¡No lo has hecho y este es el resultado!".
Un perfecto Leo, es capaz de enamorarse de un título y seguir comprándolo aunque cuando la evidencia impondría el contrario, y solo para demostrar de no haberse equivocado. En efecto, la implicación emocional termina a menudo obscureciendo la racionalidad de estos incurables entusiastas, los cuales enamorados, sean personas o acciones, son influenciadas por su proprio enorme orgullo y por la necesidad de ser reconocidos como verdaderos gurus de los mercados. Es difícil que una persona así consiga mantener un secreto, un ruido destinado a transformarse en noticia: si les confiáis un secreto, pronto estará en la boca de todos. El Leo necesita ser apreciado y venerado, poder demostrar a todo el mundo que ha sido el primero en comprender. Actuando de esta manera es probable que coja una gran notoriedad: muchos lo buscarán para pedir los consejos más imprevisibles, y el no se hará rogar, conquistando el centro de la escena y regalando a todos sus buenos consejos.
Pero, cuando la Bolsa terminará de favorecerlos, y cuando esta situación se vaya repitiendo, haciéndole caer del pedestal, será el momento en el que su incurable megalomanía será puesta a dura prueba y su amor propio parecerá titubear. El orgullo con el cual acompañan sus palabras se volverá introversión, serán cantantes mudos, ofendido con el universo entero que ha hecho una conjura contra ellos; y serán agresivos y atrevidos con quien tenga el coraje de hacerle notar sus repetidos errores.
Con la dramaticidad natural que les contradistingue, los nacidos bajo Leo reaccionan a las derrotas con la rabia, sintiéndose heridos en el orgullo y montando desahogos que son verdaderas escenas teatrales dirigidas a quien tienen a su lado, pero dentro de nada ya estarán listos para recuperar el espíritu confiado y apasionado que acompaña todas sus inversiones.
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